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HISTORIA DEL GIRO

En el mundo prehispánico el calzado sólo se empleaba en ocasiones ceremoniales muy especiales. Ese calzado el de los cactlis o cacles, era una sandalia hecha de cuero de venado que cubría exclusivamente el talón y se ajustaba con correas. Podía convertirse en una prenda bordada muy lujosa, acorde con la jerarquía del dignatario. Es sabido que Moctezuma calzaba por una sola vez cada par de cacles y que después regalaba ese par a alguno de los miembros de su séquito.

Con la conquista de los españoles llegaron las botas altas hasta el muslo y los botines cortos hechos con cuero de ganado vacuno. Muchos soldados de Cortés empleaban, sin embargo, el popular alpargate de tela y suela de fibra vegetal. También llegó con el virreinato los zapatos de gamuza, de fieltro y de terciopelo, la babucha de puntas hacia arriba y el calzado suave de mujer con discretos tacones de madera.

En la segunda mitad del siglo XVI y durante casi todo el siglo XVII el calzado masculino estuvo dominado por el borceguí negro con hebillas plateadas y por las botas de montar, las cuales podían ser "federicas", a media pierna o inclusive botines que llegaban hasta el tobillo. La moda femenina era bastante variada. Abarcaba zapatos de pieles y telas finas oscuras, elaborados con bordados de oro o de plata y con tacones pequeños. La mujeres negras y las mulatas usaban zapatos muy altos; las indias no llevaban calzado alguno; acaso los cactlis que todavía utilizaban los indios. Por su parte, la Nao de China trajo hebillas y adornos de marfil y de concha nácar y chaquiras y lentejuelas para el calzado.

El siglo XVIII implicó cambios en las costumbres y las modas. El zapato masculino adoptó el tacón, la lengüeta, las agujetas al frente y los colores vivos. Las zapatillas femeninas se hicieron entonces con tacón de carrete y se cubrían de sedas multicolores, de bordados y lentejuelas y pedrería. No pocas veces el calzado debía hacer juego con el vestido. También en el siglo XVIII las mujeres comenzaron a tomar parte en la confección del calzado bordando adornos, cortando cuero y cosiendo suelas.

A mediados del siglo XIX se impuso la moda neoclásica, austera, republicana y napoleónica. La nueva vestimenta femenina, que semejaba ropones de telas vaporosas y transparentes, exigía zapatillas desprovistas de tacón y hechas de seda o de cabritilla blanca.

Más adelante, ya a mediados del siglo XIX, fue muy claro que no había necesidad alguna de que México importara zapatos de excelente calidad y muy a la moda.

Maximiliano de Hapsburgo utilizaba botines cortos que combinaban bien con su elegante y cómodo traje de charro. También usaba las zapatillas de charol negro de frac y las botas cortas del día, con una parte inferior hecha de piel y otra superior de paño que simulaba polainas. Las damas elegantes acompañaban sus crinolinas con zapatillas de cabritilla o de piel de becerro adornadas con una hebilla de pedrería; calzaban, además, sencillos zapatos de raso como los de las mujeres de posición social más modesta.

Con el México porfiriano se inicio la fabricación industrial del calzado. Don Carlos B. Zetina, oriundo de San Andrés en el Estado de Puebla, fue su pionero al importar la primera maquinaria de su factoría de Tacubaya, que quiso denominarse "Excelsior". Así, la Revolución Mexicana dio cabida en todos su campos de batalla a la bota corta de estilo europeo, de igual forma que al huarache tejido y a la bota grande de tacón o a los ancestrales y rudimentarios cacles de pasado prehispánico.

Es importante señalar que la exportación es un campo que puede aprovecharse con mayor intensidad. Al mercado norteamericano se dirigen cerca del 80% de las exportaciones; el resto se embarca a Francia, Alemania, Puerto Rico, Japón, Holanda, Australia, Canadá, Bélgica, Reino Unido, Noruega y Suiza, entre otros, y son países en los que pudiera incrementarse la presencia de los productos mexicanos.

Otro aspecto relevante es que el Estado de Guanajuato manufactura casi el 50% de la producción anual de zapatos del país y que exporta a más de 20 países. En este Estado se realizan tres de las más importantes exposiciones de calzado en México, SAPICA, ANPIC y ANFRAPIEL. El Centro de Investigación y Desarrollo en Calzado y Curtiduría más grande de América Latina (CIATEG) se encuentra en Guanajuato.

Actualmente un buen número de micros y pequeñas empresas producen para las medianas y grandes empresas a través de esquemas de subcontratación.

Considerando la información de los censos de manufactura del INEGI para 1988 y 1993 se observa un proceso de concentración en el giro a favor de las micros y pequeñas empresas a cambio de la reducción en la participación en el mercado de las medianas y grandes empresas.

Esta tendencia se ratifica con información entre 1992 y 1995 derivada de la encuesta nacional de empleo, salarios, tecnología y capacitación en el sector manufacturero.

 

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